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El Comandante Chopo de Cárteles Unidos yo tengo siete años con un rifle colgado estoy enfadado, pero si lo suelto me matan

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El Comandante Chopo de Cárteles Unidos yo tengo siete años con un rifle colgado estoy enfadado, pero si lo suelto me matan

Chopo dice que la mina emplea a más de 300 personas y los miembros de la comunidad indígena reciben hasta 30.000 pesos (unos 1.500 dólares) al mes en regalías por permitir la explotación minera en sus tierras. “No necesitamos vender ni cocaína, ni marihuana, ni cristal, ni ningún tipo de droga”, dice. “Lo que necesitamos es  la seguridad. Y es lo que le pedimos al gobierno”.

Según Chopo, el cacique local del CJNG en Aquila solía dirigir las autodefensas de la comunidad. Pero después de expulsar al cártel de los Caballeros Templarios del área en 2013, dice Chopo, la milicia se corrompió. El exlíder fue arrestado y encarcelado, pero luego fue liberado y ahora está respaldado por el CJNG, que ataca constantemente su destartalado puesto policial que él mismo construyó.

“Yo tengo siete años con un rifle colgado”, dice Chopo. “Estoy hasta aquí”, dice señalando su frente. “Estoy enfadado, pero si lo suelto me matan”.

Chopo dice que sus fuerzas armadas están respaldadas en su totalidad por donaciones voluntarias de la comunidad, aunque en 2014 hubo denuncias de que los pagos fueron coaccionados. Chopo dice que no recibe apoyo del ejército ni del gobierno mexicano, y se queja de que las tropas de la Guardia Nacional aparecieron horas después de que terminaron los tiroteos con el CJNG.

EL CHOPO CONDUCE UNA PATRULLA. FOTO DE KEEGAN HAMILTON.

“No me gusta hablar mal del Gobierno. Lo que todo el tiempo he dicho es que el gobierno cuando quieren hacer algo, lo hacen porque tienen la capacidad, tienen el dinero, tienen el equipo y tienen el poder”, dice Chopo. “No entiendo por qué no se les ha pegado a esta parte delictiva del Cártel Jalisco que tenemos aquí. Nosotros lo único que hacemos es esperar. Y si ese grupo delictivo llega a atacarnos, pues nosotros respondemos la agresión a como venga, como sea”. 

Otros lugares de Aquila han mantenido la fe en las autodefensas incluso después de ver fracasar el movimiento en los primeros años. A lo largo de la costa, la comunidad indígena de Ostula fue una de las primeras en tomar las armas y en expulsar al cártel de los Caballeros Templarios de su tierra, poniendo fin a años de extorsión, secuestros y tala ilegal de madera. Fue una lucha sangrienta que duró años, interrumpida, dicen los locales, por el líder de la milicia que perpetuaba los mismos daños por las que había luchado para acabar.

Las autodefensas revividas de Ostula están aliadas con el equipo de Chopo, pero la comunidad indígena mantiene su propia red de seguridad. Las barricadas en los caminos de tierra hacia su tierra están ocupadas por campesinos armados con escopetas y walkie-talkies. En caso de una incursión de un cártel, piden ayuda por radio de refuerzos equipados con armas más pesadas.

“Ya no confiamos en un gobierno. ¿Verdad?” dice Ezequiel Grageda, un líder comunitario en Ostula. “Lo estamos haciendo todo nosotros mismos”.

Grageda y otros dijeron que el líder corrupto de las autodefensas de Ostula ahora está aliado con el CJNG. Como castigo, el hombre fue desterrado de la comunidad y demolieron su casa. Desde entonces, dice Grageda, él y otros han recibido amenazas de muerte del cártel.

“Pues es cierto que nos han matado a los líderes de la comunidad y amenazan con que si entran, lo harán hasta el final”, dice Grageda. “Contra las autoridades, los guardias, todos”.

La autodefensa de Ostula se ha enfrentado con el ejército mexicano por sus barricadas en los últimos años, incluido un incidente en el que, según informes, el comandante de la milicia huyó del lugar después de embestir un camión militar. AMLO ha desaprobado públicamente las autodefensas, pero en su mayor parte son toleradas. Cherán, una comunidad indígena aliada con Ostula, se hizo conocido como uno de los lugares más seguros de Michoacán después de que su milicia expulsó tanto a los cárteles como a la policía local.

Los grupos de milicias de la costa insisten en que no tienen ninguna relación con los Cárteles Unidos. El CJNG lanzó recientemente un video propagandístico acusando a los líderes locales de la autodefensa de traficar drogas y hacer trampas de protección. Nosotros nunca vimos evidencia de eso durante nuestro tiempo en Ostula ni Aquila.

Rumenigue Macías, maestro de primaria, nos dice que Ostula finalmente se siente segura de nuevo. Es un lugar pequeño y muy unido, dice, y se correría la voz si hubiera problemas con las autodefensas. Nos lleva a una playa donde se han reunido autobuses llenos de turistas para observar la migración de las tortugas marinas. La policía comunitaria con rifles de asalto permanece en la periferia, pero por lo demás es una imagen de tranquilidad mientras las tortugas se arrastran por la playa para poner sus huevos.

“Ya no se roba ganado”, dice Macías. “El papayero tuvo que pagar un buen porcentaje de sus ganancias [al cartel] - hubo uno que fue robado y su familia fue asesinada - eso no sucede ahora. Hay una muy buena paz en la comunidad”.

La pregunta es cuánto tiempo pueda durar esa paz. Aquila y Ostula están aproximadamente a 160 kilómetros al oeste del epicentro del conflicto en Tierra Caliente, pero su territorio colinda con los baluartes del CJNG al norte.

Además de poseer valiosos recursos naturales, su tierra tiene importantes rutas a través de las montañas y hacia el interior de Michoacán.

El CJNG ha estado a la ofensiva últimamente, retomando El Aguaje de los Cárteles Unidos, así como la cabecera municipal de Aguililla. Hubo rumores también de que el mismo Mencho había visitado la cabecera municipal de Aguililla, escoltado por un convoy de 30 vehículos y monstruos, pero fuentes del CJNG más bien refutaron esa afirmación. Pero lo cierto es que los combates son constantes y cada semana hay nuevas noticias de enfrentamientos entre las dos bandas en la región. 

Hay una frase infame en latinoamérica: Plomo o plata. Es la opción binaria que se ofrece a quienes se atreven a interponerse en el camino de los cárteles: aceptar el soborno o sufrir las consecuencias a balazos. Cuando le preguntamos a Chopo si está considerando tomar el camino de menor resistencia con el CJNG, responde que nunca. Prefiere el plomo.

“Nosotros no somos gente que nos vendemos”, dice Chopo. “No tenemos la necesidad, como se los acabo de volver a decir. No tenemos la necesidad de corrompernos. Estamos en nuestras casas. Vivimos a gusto, con peligro, claro, pero nos vamos a defender”.

 

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