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Pa todo aquel que sea de los Carillo Fuentes les llega la maldición, el señor en el quirófano, un asesinato a traición y otro en tragedia aérea

- 18:38:00

Pa todo aquel que sea de los Carillo Fuentes les llega la maldición, el señor en el quirófano, un asesinato a traición y otro en tragedia aérea

A mediados del año pasado se tachó el último nombre pendiente en la fotografía de una familia que de “celestial” sólo tenía el mote. Julio César Carrillo Leyva, hijo del legendario y fantasmagórico Amado Carrillo Fuentes, el “Señor de los Cielos” fue asesinado en el municipio de Navolato, Sinaloa.

El “Señor de los Cielos” y su hermano Vicente Carrillo Fuentes, el “Viceroy” lideraron el Cártel de Juárez, una organización criminal pionera en el tráfico de drogas en México. Fueron los primeros en establecer contactos con las mafias colombianas para transportar cocaína a EEUU y consolidaron al corredor entre Ciudad Juárez (Chihuahua) y El Paso (Texas, EEUU) como el principal punto de entrada de droga al mayor consumidor de cocaína en el mundo.

De izquierda a derecha. César Carrillo Leyva, el "Cesarín"; Amado Carrillo Fuentes, el "Señor de los Cielos"; Vicente Carrillo Leyva, el "Ingeniero"

Pero el “Señor de los Cielos”, un narcotraficante temido cuya macabra leyenda ha inspirado una serie de televisión, murió sobre una mesa de operaciones en 1997 en la Ciudad de México.

Sufrió un paro cardiaco en medio de una cirugía estética. Le sucedió su hermano, Vicente, detenido en el 9 de octubre de 2014 en Torreón (Coahuila), a más de 800 kilómetros al sur de Juárez, el sitio que puso nombre a la mafia de los Carrillo Fuentes y que ha pagado con sangre el coste de ser la mayor entrada de droga a la Unión Americana.

A Vicente le apodan el “Viceroy”, un sobrenombre que mezcla su nombre con una marca de cigarros. Enfrenta procesos penales por delincuencia organizada y tiene una orden de extradición a Estados Unidos

La herencia de su hermano era la principal organización criminal de México en los noventa. Lejos de las avionetas bimotor sudamericanas, los Carrillo Fuentes conseguían grandes aviones para ingresar toneladas de droga destinadas al mercado estadounidense.

Seis años después, la tragedia volvió a la familia con el asesinato del hijo del “Señor de los cielos”. La madrugada del 18 de agosto, César Carrillo Leyva fue atacado a balazos en una vivienda ubicada en la calle Virgo, de la colonia Alfonso G. Calderón, en Navolato. Su cuerpo quedó en la cochera de la residencia.

De acuerdo con medios locales, la ejecución del menor de los Carrillo Leyva se realizó presuntamente por órdenes de los “Chapitos”, quienes mantienen una lucha encarnizada con el Cártel de Juárez por el control de Chihuahua.

A diferencia de otros cabecillas del grupo criminal, — como su tío, Rodolfo Carrillo Fuentes, el “Niño de Oro”, asesinado por el Cártel de Sinaloa en una plaza de Culiacán en 2005, y su hermano Vicente Carrillo Leyva, el “Ingeniero”, quien fue detenido en la Ciudad de México en 2009 y liberado en 2018 tras cumplir 9 años en prisión—, César se manejaba con perfil bajo.

“Un abrazo asta el cielo apá” (sic), fue el mensaje de despedida de su hijo, César Isaac Carrillo, de 16 años, que este jueves sufrió el desplome de la avioneta que piloteaba. César murió en el mismo municipio que su padre.

Una historia manchada de sangre

Los Carrillo Fuentes también eran conocidos por sus sangrientos métodos para amedrentar rivales y dejar claro que Juárez era su territorio. Fundaron mafias que operan hoy en día: La Línea y Los Aztecas.

Los Carrillo Fuentes son algo más que una saga familiar: son historia viva de la violencia en México. El retrato del clan comenzó con la participación de Amado Carrillo Fuentes en el Cártel de Guadalajara, fundado por su tío, Ernesto Fonseca Carrillo, alias “Don Neto”, para hacerse del control de las rutas fronterizas.

Carrillo Fuentes quiso conquistar el cielo. Se hizo de una flota de aviones para ingresar las más importantes e históricas toneladas de cocaína colombiana a Estados Unidos. Fue un ave cruzando pantanos con el visto bueno de varias autoridades mexicanas, particularmente bajo la protección del famoso General, Jesús Gutiérrez Robollo (1934-2013).

 

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