Fue El Grande quien habló por primera vez del financiamiento del Cártel de Sinaloa a la campaña de Andrés Manuel López Obrador
Vaya que si será explosivo el libro “Narcocracia” de Anabel Hernández –está por circular en librerías-, pues revela toda una trama del Cártel de Sinaloa para infiltrarse en las esferas del poder gubernamental en la era del Presidente Felipe Calderón Hinojosa.
Sergio Villarreal, El Grande, en la entrevista que dio a la periodista Anabel Hernández, confiesa cómo “persuadió” a mandos militares, funcionarios de seguridad, políticos y de inteligencia.
Por cierto, El Grande fue detenido en Puebla –donde residía- en septiembre de 2010.
Y en la administración de Calderón… Ardelio Vargas Fosado era director del Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia –Cenapi-
El general Guillermo Galván Galván era el Secretario de la Defensa Nacional.
Y Genaro García Luna estaba al frente de la subsecretaría de Seguridad Pública Federal.
Administración calderonista donde el Cártel de Sinaloa llegó a la cima del poder.
Poder e influencia que se apertura en el gobierno de Calderón para continuar con Enrique Peña Nieto, extenderse con Andrés Manuel López Obrador y continuar en la Presidencia de Claudia Sheinbaum Pardo.
Más el gobierno de Donald Trump, al tener recluido en Nueva York a Ismael, El Mayo, Zamabada, gracias a la entrega que les hizo Joaquín Guzmán López –hijo de El Chapo Guzmán-, logró sacudir y descabezar al Cártel de Sinaloa.
Tsunami que alcanzó al gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya, quien tuvo que solicitar licencia; e impactar en 10 funcionarios de su administración, entre ellos al general en retiro Gerardo Mérida Sánchez que optó por entregarse al gobierno de Estado Unidos y está en vías de convertirse en testigo protegido, como al senador Enrique Inzunza.
EL CÁRTEL DE SINALOA SE APODERÓ DE MÉXICO
“Narcocracia”… concepto político y sociológico que descubre forma de gobierno o estructura de poder donde redes del narcotráfico tienen el poder y la influencia.
El periodista Héctor de Mauleón, en su columna de El Universal, plasma algunos puntos reveladores de la entrevista que le dio El Grande a Anabel Hernández, que sirvió para edición del libro “Narcocracia”.
El Grande fue el principal testigo de cargo en el juicio que se siguió en Estados Unidos en contra del exsecretario de Seguridad de Calderón, cerrado el juicio del exfuncionario, la periodista logró reunirse con Sergio Villarreal.
El narcotraficante, detenido en septiembre de 2010 en Puebla, había cumplido su sentencia. Los fiscales, cuenta Hernández, “verificaron su información y la consideraron lo suficientemente sólida para convertirlo en testigo protegido”.
Fue El Grande quien habló por primera vez del financiamiento del Cártel de Sinaloa a la campaña de Andrés Manuel López Obrador en 2006.
En 2024, mientras intentaba rehacer su vida, decidió romper el pacto de silencio para contarle a la periodista la manera en que el Cártel de Sinaloa se apoderó de México, mediante la compra de corporaciones policiacas, cuarteles militares, políticos, funcionarios y gobiernos.
“El libro trata de cómo el crimen organizado dejó de infiltrarse en el Estado para convertirse en parte de él”.
El testimonio en el libro es explosivo, donde El Grande afirma que durante el sexenio de Calderón con García Luna como subsecretario de Seguridad, Ardelio Vargas Fosado como director del Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia –Cenapi–, y el general Galván como secretario de la Defensa Nacional, el Cártel de Sinaloa llegó a la cima de su poder.
Dice que los pagos de Beltrán Leyva a García Luna ascendían a 5 millones de dólares mensuales, y que de manera paralela se hacían pagos a los jefes regionales de la AFI y Policía Federal.
CON EL GENERAL GALVÁN SE ABRIERON LAS PUERTAS DEL EJÉRCITO
“Cuando entra el general Guillermo Galván se nos abren todas las puertas del Ejército”, explica El Grande.
Las reuniones entre el general y el narcotraficante se llevaron a cabo en casas de seguridad de la Ciudad de México, el Pedregal y Cocoyoc.
“Normalmente, cuando el general iba a ver a Arturo –Beltrán—dejaba a sus escoltas en un centro comercial y de ahí lo llevaban a la oficina. Cuando ya se iba le subían su maletota de dinero al carro y de ahí lo regresaban al estacionamiento donde estaban sus escoltas esperándolo.
Añade El Grande:
“Cada vez que Galván iba, había comida. Generalmente era en sábado… No iba uniformado. Siempre lo vi vestido de civil, con pantalón, camisa elegante de manga larga, saco sport y buenos zapatos.
“Una vez le regalé a mi compadre –Beltrán—un ajedrez de oro y plata con tablero de ónix blanco y negro… ¡todo labrado! Cada pieza era de oro y plata macizos.
“Cuando el general lo vio le gustó mucho y le dijo a Arturo que le regalara uno igual. Le mandé hacer otro para que se lo diera a Galván. Me costó en ese tiempo como 100 mil dólares”.
El testimonio involucra a varios generales. Esa es solo una de las aristas de un relato que se extiende a lo largo de cuatro sexenios y que El Grande no sólo entregó a –Anabel—Hernández, sino también a los fiscales que construyen el caso contra la narcopolítica mexicana.
Remata De Mauleón:
Un testimonio de primera mano que, se crea en él o no, en lo alto del poder muchos esperan con nerviosismo.
Y vaya que si lo habrá.
Baste con preguntarle al general Guillermo Galván.
Y a Vargas Fosado.
Ni qué decir de García Luna.
Al tiempo.