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Así fue la caída de Iván Valerio Sainz Salazar en la sierra de Badiraguato tras operativo por aire y tierra

- 19:47:00

Así fue la caída de Iván Valerio Sainz Salazar en la sierra de Badiraguato tras operativo por aire y tierra

 El festejo de quince años seguía vivo en el poblado Rincón de los Monzón, municipio serrano de Badiraguato, cuando el cielo empezó a zumbar. No era música ni cohetes. Eran hélices.

Eran cerca de las tres de la madrugada cuando los primeros disparos rompieron la noche. El corrido se apagó de golpe. La sierra, acostumbrada al silencio espeso, volvió a escuchar lo que conoce desde hace décadas: el lenguaje de la guerra.

Desde el aire, un helicóptero abrió fuego. Por tierra, columnas de fuerzas federales cerraron el paso. El rancho quedó atrapado entre luces tácticas y ráfagas. Ahí, según los reportes recabados por La Pared, se encontraba Iván Valerio Sainz Salazar, alias “El Güero”, también identificado como “El Mantecas”.

Iván no era de ahí.

Su origen está en La Higuerita, cabecera de sindicatura del municipio de Badiraguato, un punto que en el mapa parece pequeño, pero que en la realidad conecta brechas, lealtades y rutas que no figuran en los registros oficiales.

El corredor del miedo

La persecución se extendió por el corredor serrano que une Rincón de los Monzón, Las Higueras, Batequitas y La Apoma.

Batequitas, el mismo poblado del que es originario el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quedó también dentro del radio del miedo y del ruido.

Durante horas, la sierra fue un embudo: disparos desde el aire, avance por tierra, puertas cerradas, cuerpos en el suelo.

Pobladores aseguraron a La Pared que el enfrentamiento comenzó alrededor de las 3:00 de la madrugada y se prolongó hasta las 6:00, con ráfagas lanzadas desde el helicóptero y un despliegue sostenido por tierra. Nadie salía. Nadie grababa. En estos pueblos, mirar también es un riesgo.

La huida terminó en La Noria, ya en territorio del municipio de Mocorito, justo donde el arroyo de La Higuerita marca el límite natural con Badiraguato. Ahí, con la noche agotada y el amanecer encima, el cerco se cerró.

El nombre detrás del apodo

De acuerdo con versiones extraoficiales recabadas por La Pared, “El Mantecas” habría sido operador de Ceferino Espinoza Angulo, alias “El 14” o “El Koyote”, exintegrante de Los Chapitos que ahora estaría alineado con la facción del Chapo Isidro y El Músico.

Óscar Manuel Gastélum Iribe, conocido como “El Músico”, ha sido identificado por las autoridades de Estados Unidos como un alto operador y líder dentro de la facción de los Beltrán Leyva, históricamente vinculada al Cártel de Sinaloa. Se le señala como un hombre de perfil elevado que habría heredado negocios del clan Beltrán Leyva. Además, está acusado en EU de narcoterrorismo y tráfico de fentanilo, cocaína y heroína, empleando métodos sofisticados como submarinos y buques para introducir drogas a Estados Unidos.

Espinoza Angulo, por su parte, es buscado por el gobierno estadounidense por tráfico de drogas, y también enfrenta cargos por posesión ilegal de un arma de fuego, con penas que van de 30 años de prisión obligatorios hasta cadena perpetua si se le declara culpable. Según la acusación, utilizaba a decenas de hombres armados en México para proteger a la facción de los Guzmán dentro del Cártel de Sinaloa, conocida como “Los Chapitos”, liderada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, condenado a cadena perpetua en Nueva York.

Según reportes de inteligencia y fuentes de seguridad citadas en mayo de 2025, Fausto Isidro Meza Flores, conocido como “El Chapo Isidro”, habría formado una alianza estratégica con Ismael Zambada Sicairos, alias “El Mayito Flaco”, consolidando control territorial en la sierra y fortaleciendo la facción que hoy opera junto a “El Mantecas” y “El Músico” y otros líderes

Con el avance de la guerra interna del Cártel de Sinaloa, sin fecha exacta registrada, Iván Valerio habría cambiado de bando, dejando la estructura de Los Chapitos para operar con la gente del Chapo Isidro y El Músico, un movimiento que, en la sierra, se paga con sangre o con control del territorio.

En ese reacomodo de alianzas, mantuvo influencia en la región donde finalmente fue capturado, un territorio que conoce vereda por vereda, donde el silencio pesa más que cualquier registro oficial.

El registro frío

Horas después, el nombre apareció en un sistema que no sabe de fiestas interrumpidas ni de pactos rotos:

Iván Valerio Sainz Salazar, estatus “en traslado”, según el Registro Nacional de Detenciones de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

La descripción fue escueta:

playera negra, pantalón de mezclilla azul, tenis negros.

Masculino, complexión robusta, cabello oscuro, barba tupida entrecana.

Nada dijo el registro del festejo apagado, de los niños escondidos, del polvo levantado por las botas ni del eco de las balas rebotando en la sierra.

La ciudad también lo sabía

El nombre de Iván Valerio no era ajeno a Culiacán.

El 15 de julio pasado, un grupo armado irrumpió alrededor de las 5:30 de la mañana en el Residencial Valencia, al norte de la capital sinaloense. Aquella madrugada, tres viviendas fueron vandalizadas.

Dos de las casas atacadas se ubican sobre la calle Haro, donde los hombres armados derribaron los portones. La tercera se localiza sobre la calle Isaba. De manera extraoficial, se señaló que una de esas viviendas pertenecía a Iván Valerio Sainz Salazar.

No hubo detenidos. No hubo explicaciones. Solo portones caídos y un mensaje que no necesitó palabras.

Después del ruido

Cuando el sol terminó de salir en la sierra, el silencio regresó. No fue alivio. Fue cansancio.

En Badiraguato y Mocorito, la gente volvió a contar a los suyos, a revisar puertas, a recoger los restos de la madrugada. En Culiacán, el antecedente ya estaba ahí, esperando que todo encajara.

Hasta ahora, no hay un informe oficial completo sobre el operativo. No se ha detallado si hubo personas lesionadas ni los daños colaterales.

Aquí, la historia se repite:

primero la guerra cambia de manos,

luego el territorio cambia de dueño,

y al final un nombre deja de correr

y aparece, seco,

en un registro.

 

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